Villanueva del Duque, febrero de 1935

No es fácil entender hasta que punto Villanueva del Duque y sus vecinos sufrieron el cierre de las minas, creo que a través de mi libro se llega a comprender la situación desesperada por la escasez y la hambruna en la localidad. Uno de los artículos que mejor reflejan todo, es este que pertenece al diario “La Voz” de 8 de febrero de 1935:

“Villanueva del Duque. Hambre de pan y hambre de justicia hay en este lindo pueblecito de la serranía. Pueblecito callado, hambriento y suave. Unas minas cerradas y unos labios abiertos pidiendo pan. Es difícil dar con un pueblo de mayor capacidad para el dolor, en todo el trasmonte de la Sierra.

Quieto el paisaje. Inmóvil. A lo lejos, se veían las casas de Villanueva del Duque. Las casas de las minas. Unas terribles casas a donde nadie entra ni sale. Unas terribles casas muertas.

Entramos en Villanueva del Duque. Íbamos el gobernador civil de la provincia, Don José Gardoqui, y el autor de estas cuartillas. El gobernador llevaba sesenta y tantas mil pesetas, conseguidas a pulso, para paliar algo la situación de aquellas pobres gentes.

El pueblo en la plaza. Hombres, mujeres y niños. Hambre en los rostros. Los hombres con los brazos desmayados a lo largo del cuerpo. Las mujeres con los nenes en brazos. Un sordo rumor en la plaza. Luego silencio. Les habla el gobernador […]. Al terminar de hablar, hay un mar de aplausos y vivas. Lágrimas en los ojos de las mujeres. Emociona, emociona aquello.

Lobos en la sierra. Pero este año no son lobos los lobos. El lobo es el hambre. Hambre que sube las crestas y baja el llano. Lobos de hambre, cien veces más temibles que los lobos, lobos.

Villanueva del Duque es un espejo de sufrimiento. Dolor seco de pueblo fuerte. Dolor de granito de su sierra. Villanueva del Duque vivía bien. Había mina en marcha. Crujían los ascensores. Rodaba el mineral en los lavaderos Chirriaban los monta-cargas. Pero comenzó a bajar el plomo. París y Londres lo pagaban mal. Las minas decaían. Despidos. Gente a la calle. Paseaba ya el fantasma del hambre por las altas madrugadas. Más despidos. Escasez. Poco a poco se iba entornando la esperanza. Y cerrándose una mina; un taller. Al fin cesó todo. Se acabó el trabajo. Y se acabó el comer. Muchas casas se cerraron. Otras quedaron como cementerios abiertos. La plaza era como otro cementerio. ¡Ay, aquella terribles casas muertas!.

Piedad y pan. Eso necesita Villanueva. Piedad y trabajo. Momentáneamente se ha aliviado la situación. Pero esto no basta. Es preciso que se ahuyente el dolor de este pueblo. El dolor que es hambre. Y lo digo yo, que he visto el hambre en la cara de aquellas gentes”

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@juliolopezgo